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Otro día en el mundo

El chico de la mandíbula marcada comiendo con mucha hambre me recuerda a mi hermano. Ese estilo de chicos me gusta, me puede.

Miro al señor mayor que sale del baño y tira prolijamente una servilleta de papel en el tacho de basura. La tapa se le traba y el papel cae al piso. Se agacha con dificultad y se me estruja un poco el corazón al notar como le tiemblan las manos al alcanzar el papel.

Vuelvo al chico y ya va por su segunda hamburguesa. Me llama la atención que se pidió dos gaseosas chicas. ¿Por qué no una grande? ¿Será más barato así?

Yo tomo café pero no puedo dejar de recordar que en el Burger King de Punta del Este tienen Coca y Fanta. Me da envidia. Odio que los de Buenos Aires tengan línea Pepsi. Iría al de allá solo a comer un Whopper con Fanta. Y para ver a Beíta, claro. ¿Como andará mi morocha querida? Extraño un abrazo de ella, y su voz.

Siempre extraño las voces. La tuya la sigo extrañando pero por suerte ya no es una tortura. Es notable como no me olvido de ciertas voces. Las escucho en mi cabeza como si me hablaran ahora mismo. La de mi abuelo por ejemplo, la recuerdo clarísimo. Me parece escucharlo atendiendo el teléfono y decirme con ese tonito simpático y tanguero "Hooola doña Carolina, ¿como le va?"

Te extraño tanto abuelo...se me perdió el norte cuando te fuiste. Y por más que sé que estarías orgulloso de mis logros, me gustaría tanto volver a sentarme con vos en la mesa del comedor a charlar de la vida, de mis cosas, de las tuyas; verme reflejada en tus ojos, en los dedos de tus manos que eran tan parecidos a los míos.

Todavía me cuesta sentarme en tu mesa que hoy es mi mesa, vivir en tu casa que hoy es mi casa. Siempre me faltas vos. Ahora silbo menos, cada tanto una canción, y siempre te recuerdo a vos silbando y contándome que mi mamá te contagió el silbar porque lo hacía todo el tiempo, como yo.

Cuando sola en casa pongo algún tango fuerte, y canto como te cantaba en el hospital antes de que te fueras, escucho que la casa empieza a crujir, y sé con todo mi ser, que sos vos.

Gráficamente Hablando

La chica de la 4x4

La chica de la 4x4 tiene los ojos tristes.

La chica de la 4x4 no maneja, ella va como acompante. Va mirando por la ventanilla, ajena a todo, incluso a quien la observa desde un colectivo.

Ahora que empieza a hacer calor la chica de la 4x4 usa camisa blanca de un tela liviana. La combina con un pantalón negro clásico y un collarcito de cuentas negras muy delicado. Casi no lleva maquillaje, tampoco lo necesita, todavía es jóven.

La chica de la 4x4 seguramente desayunó muy temprano, las chicas bien desayunan. Se dio un baño y salió a enfrentar el día. A trabajar en algún lugar familiar, en el que nunca va a dejar de ser la hija de, pero que está muy bien para una chica como ella.

El hombre que tiene al lado es un chico de 4x4, de rugby y estudios universitarios que, ahora que comienza a hacerse sentir el calor, usa camisa blanca.

Cada tanto ella emite alguna palabra para complacer el diálogo de su interlocutor, pero los pensamientos de la chica de la 4x4 están muy lejos. Tiene sueños, muchos sueños. Algunos que sabe que podrá cumplir como algún viaje y otros, otros que casi asume jamás concretará. No al menos siendo la chica de la 4x4.

Esa misma mañana, la chica de la 4x4 se miró al espejo y preguntó como si le hablara a otra persona:

- Sos feliz?
- No... -le respondió sorpresivamente el espejo- …simulo.

Desde el colectivo la sigo observando y pienso que quizás, la chica de la 4x4 y yo, no seamos tan distintas.

MSI U100, mi nueva hija

Desde que se me metió la firme idea en la cabeza de que iba a comprarme una netbook, que se me hizo dificil conjugarlo con la idea de que iba a tener que esperar.

Eso de que el proveedor tardara 15 días para conseguirla por ahorrarme apenas unos pesos, hoy se me hizo insostenible y cancelé todo, fuí y me la compré en otro lado. Sin dudas eso habla de mi, de mis ansiedades, de mi poca paciencia para tener las cosas cuando las quiero.

Eso de "como chico con chiche nuevo" es muy aplicable para mi estado de esta tarde cuando llegué a la oficina con mi pequeña nueva y bonita netbook flamante. La bauticé Merceditas. Algún nombre tenía que tener.

Salí del trabajo y mientras hago tiempo para entrar a mi clase, me siento en un bar a escribir un ratito. Para eso la quería, entre otras cosas. Para poder aprovechar estos tiempos muertos, en escribir un rato y despuntar el vicio, asi sea que escriba una pavada como estamos observando que pasa hoy.

Ya me terminé mi cortado en jarrito y la medialuna de grasa. El chico que se sienta en la mesa de atrás mío y habla solo, salió a fumarse un pucho. Se queda parado en la esquina de Corrientes y Malabia mientras mira pasar a las minitas que salen del subte.

Miro la hora y todavía me quedan 15 minutos. Pienso que el blog se va a convertir en una especie de cuaderno de práctica de escritura. De última esta bueno, en algún momento se verá cierta evolución. De reojo miro que en la tele está Crónica y hablan de un actor que nunca vi en mi vida, un tal Cuchuflito. No es chiste, en serio dice eso, es Crónica.

Me aburro del explorer y me bajo el Chrome que me gusta más. Desinstalo todas los programas con versiones de prueba por 60 días que trajo Merceditas de regalo, me molestan. No quiero cartelitos emergentes que me avisen que en tantos días se va a vencer algo.

Miro la hora y pienso que me quedaría eternamente escribiendo este sinsentido de pavadas. Pero ya debería ir pagando la cuenta y levantar vuelo. Siempre vengo a este bar y siempre me atiende la misma agreta, me siente donde me siente. Claro que, con el chico de atrás se mata de risa y le dice "cosita". Son los beneficios de ser hombre.

Le pido la cuenta y me dice que son $7,80 más agreta que nunca, busco la billetera entre el millón de cosas que tengo en la cartera y tardo unos segundos largos. Trato de ser simpática y le digo que este es el problema de tener carteras grande, que uno nunca encuentra nada. Increíblemente me mira a los ojos, se sonríe y me dice que no hay apuro, que busque tranquila.

Junto mis petates y me voy contenta por Merceditas y porque hice conexión con la chica del bar. El martes que viene, a la misma hora, en el mismo bar y por el mismo bati-blog...bueno si, ya sé, basta de pavadas.

Una tarde en el bar de la esquina

la señora con cara de El Chavo / la rubia de los rulos lindos que cruza Castex y no puedo verle la cara / el nene cartonero que entra a pedir si le llenan la mamadera de su hermanito con leche / la señora bien de 60 y pico recién separada que habla de lo difícil que es vivir solo y de su viaje a Tahiti / el flaco de pelo largo que espera el 102 en la esquina de Salguero y come medialunas del paquete sin parar / la nena que toma una Coca con su papá y no para de golpear la mesa con el pie /el frío que nos une a todos y yo que me pido un té / el nene cartonero que vuelve a entrar con la mamadera en la mano y pide si cuando la llenan le pueden poner azúcar/ y yo con mi té demasiado dulce / el chico de campo que se come una ensalada de frutas / otra vez la señora bien sesentona diciendo "no quiero más chicas con cama, a mi que me limpien y se vayan" / mi segunda taza de té demasiado amarga / el atardecer citadino contra los edificios caros de Palermo / el pelirrojo barbudo que no deja de mirar por la ventana como esperando a alguien / el ringtone del que esta sentado atrás mío, sin verlo sé que es un yuppie / lo último que escribiste que me ronda en la cabeza / el tren de la alegría que pasa por la esquina con Spiderman, Pucca y el sapo Pepe / la chica de pelo fucsia y jeans ajustados que entra dudando / yo preguntándome a mi misma "quien es el sapo Pepe?" / el pelirrojo barbudo que se cansó de esperar y se va / otra vez la señora bien que paga mientras comenta una receta de cous cous / yo pensando que quiero una netbook y un pendrive de 4GB / la Crossfox y el Gol que casi se pegan un palo / el frío que me da dolor de panza y pido la cuenta.

Al menos, estar fuera de la oficina fomenta la observación.